Liderar en comunidad: el reto de adaptar la cultura a las nuevas generaciones

Liderar en comunidad: el reto de adaptar la cultura a las nuevas generaciones

Por Melisa Doguetti. Chief People Officer – Clusterciar – Licenciada en RRLL (UNLZ). MBA (UNCO).

LAS GENERACIONES CAMBIAN, PERO, ¿LAS ORGANIZACIONES SE ADAPTAN? 

Las generaciones cambian, y con ellas surge un desafío para las organizaciones: lograr adaptarse a esa misma velocidad. Conceptos como Liderazgo Progresivo, Liderazgo Comunitario o Liderazgo Transformador han cobrado fuerza para poner de manifiesto nuevas formas de acompañar a los equipos de trabajo y de administrar los procesos dentro de las empresas. Estas tendencias buscan dejar atrás los métodos ortodoxos y la visión verticalista que definía históricamente a la jerarquía organizacional.

EL FIN DE LA JERARQUÍA ORTODOXA 

En los inicios del trabajo, las empresas solían ver a las personas como máquinas, realizando tareas rutinarias, repetitivas y de bajo impacto en el resultado estratégico del negocio. Con el paso del tiempo, esta mirada fue transformándose en organizaciones piramidales donde unos pocos decidían el futuro y tomaban decisiones de manera aislada, sin participación o intervención de quienes en el día a día realizan la tarea. Lo que decía el “jefe” era lo que todos debían hacer, no había lugar para el debate o disenso.

Las decisiones estaban basadas en ocasiones por la experiencia previa, lo que funcionó, lo que nunca se hizo y no era momento de improvisar o experimentar, eran algunas de las frases más comunes para fundamentar la gestión de los equipos y procesos.

LAS DEMANDAS DE LA NUEVA FUERZA LABORAL 

El ecosistema laboral actual está fuertemente marcado por las exigencias de las nuevas generaciones que priorizan la empatía, la flexibilidad en esquemas de presencialidad y horarios, así como la autonomía en la toma de decisiones dentro de su ámbito de aplicación. Sin embargo, el desafío recae sobre las estructuras corporativas: ¿qué están verdaderamente dispuestas a ceder y brindar las empresas para acompañar estas expectativas?

LA PARADOJA DE LA AUTOGESTIÓN 

Hasta ahora, el foco se ha puesto en la adaptabilidad del liderazgo en los nuevos tiempos, analizando con lupa a quienes ocupan roles de gestión de personas. Pero aquí surge un interrogante crítico: ¿están los contribuidores individuales de esos equipos preparados para ser liderados bajo este formato de libertad? ¿O, en el fondo, siguen esperando que se les indique estrictamente qué hacer, cuándo y cómo hacerlo?

¿UN ESLABÓN PERDIDO EN LA EVOLUCIÓN ORGANIZACIONAL? 

Esta dicotomía nos obliga a reflexionar si acaso hemos perdido un paso en nuestra evolución organizacional. Así como la adopción de la Inteligencia Artificial obligó a Recursos Humanos a redefinir la experiencia del empleado sin perder la cercanía hacia las personas, la transición hacia un modelo de liderazgo comunitario exige revisar profundamente nuestra cultura interna. Es fundamental asegurar que líderes y colaboradores compartan el mismo nivel de madurez profesional frente a la autonomía.

“Que el liderazgo ha comenzado a valorarse no sólo de manera descendente, sino también ascendente, ya es un hecho”.

El reto de hoy no es solo otorgar libertad, sino formar a las personas en la toma de decisiones, la gestión del riesgo y la lectura del negocio. Por último, nos queda la gran tarea de elegir: ¿seguimos esperando que los líderes desafíen el status quo por nosotros, o convocamos a la comunidad para desafiarlo juntos?

El storytelling no es un recurso creativo: es una estrategia económica

Hay un dato que me resulta imposible ignorar cada vez que alguien me dice que el storytelling es cosa de creativos. Las marcas que usan narrativa emocional generan un retorno sobre la inversión un 44% superior al de aquellas que apuestan únicamente por contenido racional.

Y sin embargo, la mayoría de marcas personales y empresas siguen comunicando como si vivieran en 2010, con listas de beneficios, credenciales, precios y algún que otro testimonio de cliente. Todo completamente olvidable.

Porque hay algo que la neurociencia lleva años confirmando y que el mercado acaba de convertir en dato. Las personas retienen entre un 5 y un 10% de la información que reciben en formato estadístico o racional. Cuando esa misma información se enmarca en una historia, la retención sube hasta el 65-70%. No estamos hablando de una estética narrativa o una tendencia como se suele llamar a todo lo que vemos en redes sociales. Estamos hablando del impacto cognitivo que tiene consecuencias económicas directas.

El informe State of Marketing de HubSpot para 2026 (elaborado con más de 1.500 profesionales de todo el mundo) señala el storytelling humano auténtico como una de las habilidades críticas para el futuro del marketing. Al mismo tiempo, LinkedIn acaba de publicar que el storytelling visual es la competencia más demandada en el sector en este momento. No en cinco años, ahora mismo.

¿Qué está pasando exactamente?

Lo que está pasando es que el nuevo consumidor (especialmente las generaciones más jóvenes) conecta con lo humano. Y las marcas que todavía no han entendido eso están invirtiendo presupuesto en visibilidad que no genera rentabilidad, en contenido que no genera confianza y en campañas que no construyen nada duradero.

La diferencia entre una marca que vende y una que simplemente aparece en el feed no es la inversión en ads. Es la historia detrás.

Piénsalo en términos de embudo. En la fase de atracción, el cliente no busca tu producto: busca reconocerse. Quiere ver a alguien que haya pasado por lo mismo que él. Si tu historia le transmite que tú también estuviste ahí, acabas de conseguir algo que ningún anuncio de pago puede fabricar, la identificación. Y la identificación es la antesala de la confianza. Y sin confianza, no hay venta. Así de sencillo.

El storytelling de marca no es contarte la vida. Es la manera en que estructuras tu experiencia, tu propósito y tu propuesta de valor para que quien te lee entienda, antes de comprarte, por qué eres su mejor opción. Para vender, tu historia necesita responder a preguntas muy concretas: ¿Qué problema resuelves? ¿Cómo lo resuelves? ¿A quién? Y, sobre todo, ¿cómo lo haces tú de una forma que nadie más puede replicar?

Cuando una marca personal logra articular esas respuestas a través de una narrativa coherente y auténtica, los números cambian. Las conversiones en descripciones de producto pueden aumentar hasta un 30%. El contenido de empresas con historias sólidas se comparte 22 veces más. Un 55% de los consumidores declara que compraría un producto después de conectar con la historia de la marca.

Esto no es marketing emocional como contrapuesto al marketing racional. Es que sin la dimensión emocional, el racional no tiene donde aterrizar. La gente no compra lógica primero. Compra claridad y confianza, y ya deberíamos entenderlo. 

Sobre todo lo que veo en marcas personales con mucho talento y poca tracción es exactamente que saben lo que hacen, pero no han construido el relato que les da contexto. Tienen el qué, pero no el por qué. Y el por qué es lo que transforma a un seguidor pasivo en un cliente convencido.

Si hoy alguien llegara a tu perfil, ¿entendería por qué debería elegirte a ti? ¿O vería simplemente otra marca más intentando vender?

No es una pregunta retórica. Es la diferencia entre el 2% de conversión media que registra el e-commerce global y las marcas que, gracias a una narrativa clara y coherente, multiplican ese número.

Es así pues, que el storytelling no cambia lo que vendes, cambia si alguien decide comprarlo.