La incertidumbre no es la mayor amenaza para una empresa

La incertidumbre no es la mayor amenaza para una empresa

Por Margarita Martínez Sánchez. Directora ejecutiva de BANDEX | Empresaria y economista.

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en representación de BANDEX • Gomas Elásticas y Gomas Ancla fabricadas en España como empresa embajadora de Operación Consolida, una iniciativa de Jovempa Federación para acercar la experiencia de empresas consolidadas a jóvenes emprendedores.

El tema de la mesa redonda era cómo afrontamos desde la PYME la incertidumbre, acelerada por el nuevo escenario geopolítico y la irrupción de la inteligencia artificial.

En la dirección empresarial, la incertidumbre no es una anomalía. Es el estado natural del empresario.

La función empresarial existe precisamente porque el futuro no está escrito, porque la información del mañana todavía no se conoce y porque las oportunidades están por descubrir.

Ante la incertidumbre, lo prudente es mantener capacidad de adaptación, apostar por una estructura financiera sólida y ejercer un control riguroso de los márgenes operativos.

En los últimos años se han acumulado y simultaneado conflictos internacionales, afectando a la cadena global de suministros, de forma que la geopolítica se ha convertido en una variable más de gestión. Es una realidad con la que las empresas industriales convivimos cada día.

Ahora bien, me pregunto por qué no hablamos más de las amenazas que sí conocemos y sobre las que sí podríamos actuar.

¿Por qué seguimos intentando adivinar el próximo cisne negro mientras ignoramos el elefante que tenemos delante?

Desde la perspectiva de una pequeña empresa industrial, el diagnóstico es claro: la industria no necesita que la protejan. Necesita que la dejen competir.

La competitividad europea seguirá deteriorándose mientras mantengamos una sobrerregulación que obliga a las empresas a destinar recursos a fines ajenos a su actividad, incrementando costes y carga administrativa.

También necesitamos un mercado laboral mucho más dinámico. La rigidez normativa y unos incentivos que favorecen el absentismo generan costes diarios que terminan lastrando nuestra competitividad.

Y necesitamos acercar la formación a la realidad productiva. La industria y la tecnología avanzan mucho más rápido que nuestro sistema educativo, que sigue teniendo dificultades para formar los perfiles técnicos que hoy demandan las empresas.

Hay que recordarlo una y otra vez: el verdadero progreso no nace de la planificación estatal, sino de miles de empresarios tomando decisiones en libertad, asumiendo riesgos, descubriendo oportunidades y construyendo, día a día, prosperidad para todos.

La mayor amenaza para nuestras empresas no es la incertidumbre, sino las restricciones que desde el poder político se impone a quienes generan riqueza.