Por Hernán Secreto. CFO Grupo Prima SA. CPN (UB), Maestría en Finanzas Corporativas (CEMA), Educación Superior (UDESA).
Durante la gestión del presidente Javier Milei hasta el mes de mayo del corriente año, Argentina experimentó el cierre de más de 24.000 empresas y la pérdida de aproximadamente 266.000 puestos de trabajo registrados. Los datos publicados por Fundar reflejan una realidad compleja: muchas organizaciones encuentran dificultades para adaptarse a un contexto económico, tecnológico y social cada vez más desafiante.
Sin embargo, existen regiones que continúan mostrando capacidad de crecimiento económico y proyección de futuro. Nuestra región del Comahue es probablemente uno de los mejores ejemplos. Turismo, energía, piscicultura, fruticultura, vitivinicultura, agroindustria y el desarrollo de Oil & Gas y minería conforman un ecosistema económico con enorme potencial para los próximos años.
El verdadero desafío no pasa solamente por el agregado de valor sobre los recursos naturales, las inversiones o la cobertura de infraestructura. El diferencial más importante seguirá siendo la calidad de las personas capaces de liderar esos procesos de transformación.
En un mundo atravesado por cambios permanentes, la discusión empresarial dejó de centrarse exclusivamente en los balances o en la eficiencia operativa. Hoy, las organizaciones necesitan comprender cómo gestionar talento, cultura y adaptación. Y eso exige nuevas habilidades de liderazgo.
Durante décadas, muchas compañías fueron construidas bajo modelos jerárquicos (lineales) donde predominaban el control, la especialización y la estabilidad. Ese paradigma comienza a mostrar límites frente a escenarios donde la disrupción, incertidumbre, velocidad tecnológica y los cambios generacionales modifican permanentemente las reglas de juego.
La incorporación de inteligencia artificial, automatización y nuevas tecnologías no solo transforman tareas, también modifican la forma en que las personas trabajan, aprenden, colaboran y se vinculan con las organizaciones. Por eso, el gran desafío ya no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en construir culturas capaces de sostener el cambio sin perder identidad, cohesión ni sentido humano.
En este contexto aparecen conceptos cada vez más relevantes. La antropóloga digital Roi Benitez habla de las “habilidades portables: aquellas capacidades que las personas llevan consigo más allá del puesto que ocupan o de la empresa donde trabajan y que pueden transferirse entre roles, industrias y contextos laborales. Son habilidades menos dependientes de un puesto específico y más vinculadas a cómo una persona piensa, aprende, se relaciona y lidera. Liderazgo, creatividad, colaboración, comunicación, pensamiento crítico, adaptabilidad y capacidad de aprendizaje continuo comienzan a valer tanto o más que muchas habilidades técnicas”. Incluso el lenguaje organizacional empieza a cambiar. El tradicional “head count” lentamente deja lugar al “skill count”. Las empresas ya no solo buscan cubrir posiciones; necesitan desarrollar capacidades y gestionar emociones.
La pregunta entonces cambia de eje: ¿cómo fidelizar personas en lugar de simplemente retenerlas? ¿cómo generar culturas organizacionales que acompañen la evolución del negocio? ¿cómo construir ambientes donde las personas quieran crecer, aprender y permanecer?
Probablemente allí se encuentre uno de los grandes desafíos del management moderno.
Las organizaciones que mejor atraviesen los próximos años probablemente no serán las que solamente incorporen más tecnología, sino aquellas que logren desarrollar personas con capacidad de adaptación, criterio, templanza y visión humana para liderar escenarios cada vez más complejos.
Por otro lado, y buscando alguna conexión con lo anterior, el concepto “Lifelong Learning” —aprendizaje continuo a lo largo de toda la vida— deja de ser una tendencia para convertirse en una necesidad concreta. Los modelos tradicionales de formación basados únicamente en estudios de grado o posgrado ya no alcanzan. El conocimiento se vuelve dinámico y obliga a actualizarse permanentemente y de por vida.
CULTURA ORGANIZACIONAL: TRANSVERSAL A TODA LA EMPRESA
Javier Bajer, Cultural Architec, define Cultura Organizacional como “todas esas conversaciones y conductas que se dan en los pasillos y en la cocina de las organizaciones cuando los jefes no están presentes. La cultura es un sistema vivo que se moldea todos los días y los líderes tienen la responsabilidad de prestar atención y mostrar, mediante sus actos, “como se quiere que nos vean”. Aquí aparece uno de los grandes desafíos, construir organizaciones donde la adaptación, el aprendizaje y la colaboración formen parte natural de la cultura.
Finalmente, las empresas cambian cuando las personas cambian. Y en tiempos de transformación acelerada, la calidad humana y cultural del liderazgo puede terminar siendo el activo más importante de cualquier organización.
