Por Carlos Soto (CPN). Contador Público Nacional y titular del Estudio Carlos Soto & Asociados (Neuquén), especializado en asesoramiento tributario a PyMEs.
Cuando se lanzó el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), muchos productores lo descartaron rápido: parecía un beneficio pensado para grandes proyectos, con montos mínimos de acceso difíciles de alcanzar. Sin embargo, para el sector agropecuario hay una noticia que conviene difundir: existen tres tipos de inversiones que pueden ingresar al régimen sin necesidad de alcanzar ningún monto mínimo. Reproductores, equipos de riego y mallas antigranizo son la excepción que abre la puerta a que empresas medianas y chicas puedan aprovechar el beneficio.
Qué es el RIMI y por qué importa
El RIMI es un régimen orientado a incentivar inversiones realizadas por micro, pequeñas y medianas empresas mediante un paquete de beneficios fiscales. El más atractivo es la posibilidad de aplicar una amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias: la empresa puede deducir fiscalmente el 100% de la inversión en un solo ejercicio, cuando el sistema tradicional obligaría a distribuir esa deducción durante varios años.
No se trata de un subsidio en efectivo. El Estado no devuelve el valor invertido. Lo que ofrece es un fuerte beneficio financiero y de diferimiento del impuesto, con un efecto económico que —bien planificado— equivale a un subsidio implícito sobre la compra del bien.
A esto se suma un segundo componente: la devolución anticipada de los créditos fiscales del IVA vinculados con la inversión, sujeta a los requisitos y plazos del régimen y a un cupo. Cuando el saldo técnico no se recupera contra débitos dentro de tres meses, el mecanismo permite acelerar significativamente el recupero.
El punto clave para el agro: sin monto mínimo
Para la mayoría de los proyectos comprendidos por el RIMI existe un umbral mínimo de inversión que actúa como filtro de entrada. Para tres categorías vinculadas al sector agropecuario, ese piso no existe: determinados semovientes destinados a reproducción; sistemas y equipos de riego agrícola; y mallas antigranizo y sus estructuras asociadas.
Esto cambia el escenario para el productor mediano. No es necesario montar un proyecto millonario para pensar en el beneficio; una inversión razonable en cualquiera de estas tres líneas puede ser suficiente para analizar el encuadre.
Los reproductores: no todo animal califica
Este es uno de los puntos donde más conviene ser preciso. Cuando el régimen habla de semovientes, no se refiere a cualquier compra de hacienda. El beneficio apunta específicamente a animales reproductores de genética superior —puros de pedigrí o puros controlados— que cumplan con las condiciones y registraciones que fija la reglamentación.
Antes de cerrar la compra pensando en el RIMI, el productor debería verificar que los animales efectivamente califiquen. Es una revisión rápida que evita malos entendidos posteriores.
Riego: analizar antes de comenzar la obra
Los sistemas y equipos destinados al riego agrícola son una de las inversiones más claramente favorecidas. El régimen contempla bienes orientados a mejorar la administración del agua y la productividad mediante la incorporación de tecnología, e incluso permite comprender —bajo determinadas condiciones— inversiones complementarias necesarias para instalar y poner en funcionamiento el sistema.
Para quien esté evaluando instalar, renovar o ampliar un sistema de riego, la regla práctica es simple: analizar el RIMI antes de comenzar el proyecto. Un mismo desembolso puede tener un tratamiento fiscal muy distinto según cómo se estructure la decisión.
Mallas antigranizo: interesante para regiones frutícolas y vitivinícolas
El tratamiento especial se extiende a las mallas destinadas a proteger cultivos contra el granizo y a las estructuras asociadas. Para regiones donde este tipo de protección es un costo significativo del negocio —fruticultura, vitivinicultura y otras producciones intensivas— la posibilidad de amortizar el 100% en un ejercicio tiene un impacto muy concreto sobre el resultado del ejercicio.
Un ejemplo simple
Supongamos una empresa agropecuaria con una ganancia importante en el ejercicio, que invierte $100 millones en un sistema de riego que cumple las condiciones del RIMI. Con las reglas tradicionales, esa inversión se amortizaría durante varios años. Con el RIMI, podría deducirse el total en un solo ejercicio, reduciendo significativamente el Impuesto a las Ganancias del período. La empresa no recibe ese dinero; obtiene una deducción más rápida, y con ella un ahorro impositivo inmediato.
El otro lado: qué pasa si se incumplen los requisitos
El RIMI no es un beneficio automático ni definitivo. La empresa debe mantener durante el plazo previsto las condiciones exigidas. Entre otros aspectos, es clave la ausencia de deudas fiscales, previsionales o aduaneras y el cumplimiento de las demás obligaciones formales y sustanciales.
Si la empresa incumple, puede revocarse el beneficio. En ese caso, las consecuencias son severas: se pierde la amortización acelerada, deben rectificarse las declaraciones juradas de Ganancias, se genera un mayor impuesto con intereses y eventuales sanciones, y debe reintegrarse el IVA cuya devolución anticipada se hubiera obtenido. Una deuda que parezca menor puede terminar provocando la pérdida completa del beneficio y la obligación de devolver los importes utilizados.
No alcanza con la etiqueta
Otro punto para tener presente: no es suficiente que la inversión pueda describirse genéricamente como «riego», «antigranizo» o «reproductores». Hay que verificar que el contribuyente encuadre en las categorías MiPyME admitidas y que el bien concreto cumpla con las condiciones técnicas y formales de la normativa. También hay que confirmar que la empresa pueda sostener esas condiciones a lo largo del plazo exigido.
Rimi Rionegrino
Para quienes adhieran al RIMI Nacional, también se les abre la oportunidad de acceder al RIMI Rionegrino que prevé beneficios fundamentalmente en Ingresos Brutos.
La recomendación
Para quienes en los próximos meses estén considerando comprar reproductores, instalar o ampliar un sistema de riego, incorporar tecnología para riego o colocar mallas antigranizo, la recomendación es simple: consultar antes de comprar. Analizar previamente si la inversión puede encuadrarse en el RIMI puede transformar una decisión productiva en un beneficio fiscal y financiero significativo, y evitar dejar pasar una herramienta valiosa por desconocimiento.
En un contexto donde cada punto de rentabilidad cuenta, la planificación tributaria vuelve a ser un factor clave en la eficiencia del productor.

