Reformas, inflación y crédito: los desafíos del nuevo esquema económico

Reformas, inflación y crédito: los desafíos del nuevo esquema económico

El proceso de reordenamiento económico en Argentina avanza con señales de estabilidad, pero también con tensiones que impactan en la actividad, el financiamiento y el entramado productivo. En diálogo con IMPACTO ECONÓMICO, Gustavo “Lacha” Lázzari, reconocido economista y empresario pyme, analiza los costos de la transición, los desafíos del crédito, la persistencia de la inflación y el rol clave de las reformas para sostener el rumbo. La entrevista se realizó en el Polo Tecnológico de Neuquén, en el marco de una charla organizada por Freedom Capital en colaboración con Balanz. Un especial agradecimiento a Martín Encina y Augusto Fernández por el espacio brindado.

¿Cómo ves el impacto del actual esquema económico en la actividad?

Hay una enorme disparidad. Hay sectores que están funcionando bien y otros que todavía no arrancaron. Y son muchos, además, con alta intensidad de mano de obra. No veo nubarrones que den vuelta el modelo, pero sí costos muy altos de transición.

Años de populismo no son gratis…

Claro… nunca pensamos que iba a ser fácil, la normalización tiene costos. El problema es que esos costos son difíciles de sobrellevar, y ahí hay un punto clave: hay que explicarlos bien y empatizar con el que la está pasando mal. A veces hay un discurso violento, sobre todo hacia industriales, que es innecesario.

¿Cómo se podrían amortiguar esos costos?

 Primero, mostrando claramente el rumbo. El empresario argentino se adapta a cualquier escenario, pero necesita previsibilidad. Hay que decir: vamos hacia más formalidad, más competencia y más eficiencia.

También hace falta mostrar que se están resolviendo problemas fuera de la empresa: desregulaciones, baja de impuestos, menos trabas. Eso tiene que verse a nivel nacional, provincial y municipal.

¿Y en cuánto al financiamiento?

Es el punto central… Hay dos tipos de empresas: las que quieren seguir en este modelo y las que no. Algunas directamente van a cerrar. Pero entre las que quieren seguir, hay muchas que no tienen acceso al crédito. Tenés empresas con “carpeta limpia”, que pueden acceder a financiamiento, aunque todavía limitado. Pero hay un gran grupo con “carpeta manchada”, sin garantías, en situaciones complicadas, que igual emplean gente y quieren adaptarse.

¿Entonces?

El problema es que adaptarse cuesta plata. Cambiar procesos, relocalizarse, financiar capital de trabajo. Si no tienen financiamiento, se quedan afuera. Y ahí es donde el modelo puede tener un problema: el fondo va bien, pero arriba se te pueden caer los muñecos. Si se te caen los muñecos, se te cae el modelo.

¿Por qué se interrumpió el proceso de desinflación?

Para mí es un tema de confianza. La base monetaria está controlada hace más de un año; no debería haber inflación por emisión. Pero hay muchos pesos en la economía que la gente no quiere tener, y eso sigue presionando los precios.

Después tenés componentes específicos: precios regulados que siguen subiendo, como las tarifas. Allí habría que moderar el impacto impositivo; precios estacionales, que son menos relevantes; y precios de alimentos, como la carne, que está en un cambio estructural.

El problema de fondo es la demanda de dinero. Hay volatilidad, falta confianza de parte de la gente, y el gobierno responde con una política muy conservadora: absorbe pesos, sube tasas, y eso enfría la actividad y complica el crédito. Eso genera un círculo complejo en el corto plazo. No va a hacer caer el modelo, pero sí va a limitar el crecimiento.

¿Cómo analizás la reforma laboral en este contexto?

Era esperable la resistencia judicial. Estaba dentro del escenario. La cuestión laboral tiene dos problemas: la legislación y la justicia laboral. La reforma no tiene grandes problemas de inconstitucionalidad. Incluso, en privado, muchos sindicatos la aceptan. El conflicto está más ligado a la industria del juicio que a los sindicatos en sí.

¿Creés que se podrá avanzar?

Considero que sí. Si mirás esto dentro de dos años, veremos que no tuvo tanta oposición como parece hoy. Y es clave: sin reforma laboral no se podrán resolver otros problemas estructurales, como el sistema previsional.

¿Qué rol juega la educación en este proceso de cambio?

Hay una reforma en curso, están saliendo los primeros lineamientos. No soy especialista, pero hay dos temas claros: descentralización y contenidos. La educación tiene que acercarse más al territorio. No podés resolver problemas locales desde estructuras centralizadas a cientos de kilómetros. Las decisiones y el financiamiento deberían estar mucho más cerca del contribuyente.

¿Y en cuanto a los contenidos?

El mundo es cada vez más competitivo y Argentina llega con debilidades. Hay que adaptar la educación a las realidades productivas locales.

Además, hay una distinción clave: educación e instrucción. Educación son valores, instrucción son contenidos. Y en Argentina estamos flojos en ambos. Se relajó la cultura del trabajo y también bajó el nivel de formación. 

Sin una reforma educativa seria, va a ser muy difícil sostener un proceso de crecimiento en el tiempo.