La violencia en las escuelas de Neuquén: un problema persistente

La violencia en las escuelas de Neuquén: un problema persistente

Por Macarena Reyes Britos. Periodista y docente de nivel secundario.

La violencia en las escuelas de Neuquén continúa siendo una preocupación constante que parece no dar tregua. Cada semana, conocemos nuevos incidentes en instituciones educativas que demandan una mirada crítica y un análisis profundo. Durante el mes de septiembre, en escuelas ubicadas en la zona Confluencia, se registraron más de cuatro situaciones de conflicto, cada una con su propia complejidad y gravedad.

Uno de los incidentes que generó alarma y consternación tuvo lugar en un colegio secundario en Centenario. En este caso, una docente fue amenazada y su vehículo sufrió daños significativos. 

En el CPEM N° 54, un grupo de individuos irrumpió en la escuela al saltar el cerco perimetral, desencadenando una serie de agresiones hacia los estudiantes. Lamentablemente, esta ola de violencia se propagó incluso hacia la directora y los docentes de la institución, quienes intentaron poner fin al ataque.

El colegio Gral. José de San Martín también fue escenario de un inaceptable acto de violencia, en este caso, ejercido por una madre contra una alumna. Lo que generó que otros estudiantes cortaran la Avenida Argentina y realicen una sentada en protesta por lo ocurrido. A pesar de que el corte se levantó, la comunidad escolar continúa exigiendo una solución.

Es importante destacar que estos incidentes no se restringen al nivel secundario, donde a menudo los protagonistas son adolescentes. También se informaron situaciones conflictivas tanto dentro como fuera de la escuela primaria n° 20.

En respuesta a la creciente ola de conflictos, la Red de Familias y Padres Organizados por la Educación repudió los actos de violencia, catalogándolos como «inaceptables en todas sus formas». Desde su perspectiva, subrayan la importancia de enseñarles a nuestros hijos e hijas, que “los caminos para una mejor comunidad son el respeto, el diálogo y los acuerdos”.

En este contexto, la organización presentó una serie de propuestas, destacándose una en particular bajo el nombre de «escolaridad segura». En este ámbito, proponen la «implementación de corredores en áreas críticas con el fin de garantizar la seguridad en el trayecto hacia la escuela». Además, señalaron la necesidad de contar con «personal debidamente capacitado en cada institución educativa para abordar situaciones de conflicto, tanto internas como externas, que puedan afectar a los estudiantes, incluyendo casos de acoso, violencia, hurto entre compañeros y abusos de autoridad».

Por su parte, organismos públicos de Neuquén tomaron medidas para fortalecer las funciones del personal de vigilancia privada en las escuelas y establecer un protocolo de colaboración con las comisarías cercanas a las instituciones educativas, con el fin de prevenir la violencia fuera del ámbito escolar.

Dentro de las aulas y en jornadas de reflexión sobre la violencia, los estudiantes están revisando los acuerdos de convivencia. Algunos han optado por cortar calles, mientras que otros realizan sentadas como forma de protesta. Estas acciones llevaron a la suspensión de clases en algunos colegios, lo que afecta la continuidad del calendario educativo.

En estas situaciones de conflicto, es esencial que las comunidades educativas trabajen en la raíz de los problemas y sus consecuencias. Además, las familias deben reconsiderar conceptos fundamentales de crianza, apostando al diálogo y a los buenos tratos. Es hora de detenernos y reflexionar sobre cómo abordar el tema de la violencia con los niños, niñas y adolescentes.

Es crucial escuchar y comunicarnos con empatía, buscando las palabras adecuadas para que nos comprendan y actúen de manera positiva. También debemos asumir nuestra responsabilidad como adultos, ya que la violencia que se manifiesta en las aulas a menudo se origina en nuestros hogares. Cambiar nuestra perspectiva y dedicar tiempo a preguntarles a nuestros hijos cómo se sienten y qué les preocupa puede marcar la diferencia. En su actitud, en sentirse acompañados y escuchados. A veces, lo que realmente necesitan, es ser escuchados.

La violencia nunca es el camino. Y es responsabilidad de todas y todos tratar de detenerla.  Todavía estamos a tiempo.