El director de Bodega Humberto Canale y vicepresidente de PAI, Germán Barzi Canale, analiza los retos que enfrentan la vitivinicultura y la fruticultura regional: costos energéticos, carga impositiva, mano de obra y el rol clave de la tecnología para sostener la producción y el empleo.
¿Cuántos años de la Bodega Humberto Canale?
Estamos cumpliendo 116 años, así que son 115 cosechas las que llevamos. Somos una empresa pionera de la Patagonia. La inició un tío bisabuelo llamado Humberto Canale, ingeniero, discípulo y alumno del ingeniero Huergo (el primer ingeniero de Argentina).
Cuenta la historia que vinieron a principios del año 1900 al Alto Valle, a hacer un proyecto para mejorar y optimizar los canales de riego. El Ingeniero Huergo era el decano de la Facultad de Ingeniería de Buenos Aires.
Vinieron con un grupo de alumnos, terminaron enamorándose del lugar y viendo el potencial que tenía. En esa época se hablaba de la Nueva California del Alto Valle y deciden comprar a través de una sociedad de hecho entre Huergo y Canale, las 400 hectáreas donde está emplazada hoy la bodega. La misma fue construida en el año 1909 y trajeron las primeras cepas a la región, que venían de Francia: Merlot, Cabernet y Semillón.
Desde ese momento, el espíritu nuestro y de la bodega siempre ha sido ser pioneros. Es uno de los valores que tratamos de continuar.
Muy meritorio, ¿no? A pesar de los vaivenes económicos, el perdurar y crecer…
Sí, totalmente. Hoy la empresa maneja 650 hectáreas; son alrededor de 200 de viñedos y 400 de frutales, está todo integrado desde el nivel primario hasta la bodega y el fraccionamiento en el negocio vitivinícola, el empaque y frigorífico en el negocio frutícola.
A nivel comercial, toda la parte frutícola la comercializamos a través de PAI, de la cual somos socios hace muchos años.
En la parte vitivinícola, la comercialización es propia, tanto en mercado interno como en exportación. En el negocio de vinos, alrededor del 70% lo destinamos al mercado interno. Nuestras etiquetas tienen muy buena aceptación en el mercado interno y trabajamos muy cerca de nuestros clientes de todo el país, y en particular de la Patagonia.
La verdad es algo que nos enorgullece, nos encanta y eso nos da un buen balance comercial. Alrededor de un 30% de nuestros vinos se destinan a la exportación. Actualmente estamos presentes en alrededor de 20 países, los más importantes: Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y Brasil.
Un mercado global supercompetitivo…
Hace falta solamente meterse en una góndola, en un supermercado en Estados Unidos o en Canadá, para ver la estantería de cada país como: Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, Chile, Argentina.
La Patagonia tiene un lugar e historia distinta para contar a otras zonas vitivinícolas del país. Tanto por sus variedades, como por la combinación de clima y suelos diferentes -propio de las temperaturas que tenemos-; y eso nos permite desarrollar algunas variedades que en otros lugares de Argentina cuestan un poco más.
Ejemplo emblemático: nosotros somos los principales productores de Pinot Noir del Alto Valle de Río Negro y es una variedad en la que seguimos enfocándonos para obtener un mejor conocimiento de los suelos. Estamos haciendo mejores sistemas de protección, son variedades muy sensibles, así que la cuidamos desde el viñedo hasta la botella final.
Siempre insisto en que debemos crear más conciencia del esfuerzo que implica producir, en este caso, vinos de alta calidad para competir en todo el mundo, con la complejidad que implica cada etapa de la cadena.
La cantidad de variables que hay, ¿no?
Un montón. Trabajamos continuamente en seguir integrando y mejorando todos esos procesos, donde buscamos mayor calidad y mayor excelencia en los productos. Eso arranca desde que elegís qué clon vas a plantar, en qué lugar, por qué, cómo lo vas a desarrollar… Sin una buena materia prima, no puede haber un buen vino; después continúa el trabajo puertas adentro de la bodega.
En los últimos años, trabajamos en el tema comunicación: en la imagen de la marca, de cada una de las etiquetas de nuestro portafolio, nuestros vinos, en mantenerla siempre vigente.
El desafío de las marcas que tienen muchos años es no quedarse exclusivamente con los clientes nostálgicos, sino continuamente incorporar nuevos segmentos. También en la bodega, complementamos con experiencias de eno-turismo; en los últimos años empezamos a organizar eventos para jóvenes, que llamamos Sunsets, donde asisten unas 600 personas en cada evento. De esta manera, seguimos generando que vengan más personas a conocernos y disfrutar nuestro lugar y nuestros vinos.
Eso genera el vínculo, ¿no?
Sí, conocés el lugar y la historia, la marca la empezas a hacer tuya y la experiencia se completa desde otro lugar.
¿En qué temas se están trabajando?
En la parte vitivinícola seguimos trabajando todos los días en ajustar detalles. Estamos buscando siempre hacerlo un poquito mejor, ser más efectivos y eficientes en el uso de los recursos, pero que la sumatoria de todas las partes además vaya en la misma dirección.
En particular, la bodega no creció en volumen, pero sí cambió su mix de productos. Si retrocedo a 40-50 años, el 80% era vino en damajuana, es lo que se vendía en su momento…
Todos nuestros vinos están en la línea de vinos premium y creemos que, en particular para la Patagonia y para una bodega como la nuestra, el camino recorrido es importante, no el volumen en sí. Buscar la calidad, la excelencia, con productos de mayor valor agregado.
¿Y en la parte frutícola?
El desafío nuestro es la competitividad. Todo el sector y nosotros en particular, seguimos plantando variedades nuevas, con más productividad. Buscamos que las manzanas tengan más color y seguimos erradicando los montes con retorno negativo. Con lo cual no hemos crecido en superficie. En viñedos estamos plantando alrededor de 6-7 hectáreas por año. Además, cuidamos como un tesoro todos nuestros viñedos patrimoniales; sabes que algunos tienen 70-80 años, son como nuestras joyas más preciadas y hoy siguen produciendo.
Por ahí, producen cantidades limitadas, pero de una altísima calidad y un valor espectacular. Con eso hacemos toda la línea que le llamamos Old Vineyard que son los single Vineyard, de los viñedos más antiguos.
El desafío en esta etapa y para los próximos años es la competitividad sistémica, la palabra que está hoy en boga en el sector. Donde miras hoy un poquito la historia, la fruticultura perdió 20.000 hectáreas en 15 años. Se salieron de la producción 1.000 productores en el Alto Valle.
Al ponerlo en términos de exportación, se perdieron 250-300 millones de dólares. Todo eso es un síntoma de un sistema que hoy puntualmente está más estresado en el tema de rentabilidad, pero que lleva una larga data.
¿Qué variables del contexto deberían modificarse para mejorar la competitividad del sector?
Estamos en un momento bisagra. Es necesario entender que, para todos los actores que después reciben parte de los beneficios de esta torta, primero hay que hacerla crecer. Y para eso, necesitamos políticas en todos los sectores a nivel municipal, provincial y nacional.
Hoy, por ejemplo, otro de los desafíos que tenemos son los costos energéticos. Siendo una provincia productora de energía y energías renovables, pagamos una de las energías más caras del país. Somos superdependientes de la energía; es un insumo importante en la parte de frío.
El alto componente impositivo que tiene el costo de la energía…
Sí, con los municipios tenemos que buscar la forma de reducirlo. Existe una tasa que se llama “tasa de uso de espacio aéreo”, que es un 6%. Haciendo la cuenta, es casi un mes más de energía que pagás al año a través de esta tasa.
Si voy al gobierno nacional, tenés un tema claro con Ingresos Brutos. Está dentro de un marco donde necesitás una readecuación de los convenios, porque tenés saldo a favor en algunas provincias y en otras pagás; esos saldos a favor se acumulan nominalmente. Es provincial, pero requiere una revisión del acuerdo de Ingresos Brutos Nacional.
¿Y en particular?
El tema del IVA es importante en nuestro sector, el saldo técnico, todos los saldos a favor de IVA no se computan hoy por hoy. Hay un proyecto que ojalá pueda materializarse, pero es un montón de plata que está parada a tasa cero. Los montos se devalúan y es un contra incentivo a la inversión porque generalmente los saldos de IVA se generan cuanto más invertís. Además de generarlo por la propia actividad, que es netamente exportadora.
Hay un montón de desafíos; el más grande, como le dicen “el elefante en el bazar” es lo relacionado con el costo laboral. Si uno mira la serie histórica de los últimos 15 años, independientemente de si la gente gana mucho o poco, sabemos que hoy los sueldos aprietan el bolsillo de todos. Pero para las empresas, actualmente, estamos alrededor con un costo en dólares un 30% por arriba del promedio histórico, y cuando nos comparamos con nuestros competidores— Perú, Chile, Sudáfrica, Brasil, que hacen actividades similares a las nuestras—, nuestro costo final laboral es casi el doble.
El punto es el costo laboral no salarial…
Y todo lo que hay en el medio, entre el salario bolsillo y el costo empresa, se puede desmenuzar en la cantidad de ítems que quieras, pero obviamente el tema previsional es muy importante, las ART son superimportantes. La litigiosidad laboral viene creciendo, el ausentismo…
En el fondo, el planteo es pensar de vuelta en la productividad. Esta torta, para agrandarla, tenemos que por lo menos dejar de sacarle y pensar, ¿qué podemos aportarle? En la medida en que mejoremos la productividad, va a haber más oportunidades para todos y que esa torta se agrande un poco más.
¿Falta un cambio de chip en todos los actores del sector?
Totalmente. Está empezando a pasar. El rol de la tecnología es clave acá también; lo que hemos vivido en los últimos 15-20 años no es nada con respecto a lo que viene. Entonces, si nos costó adaptarnos en estos últimos años con cambios lentos de tecnología, tenemos un desafío mayúsculo para lo que viene hacia adelante, donde el cambio va a ser mucho más rápido y radical.
Hay temas que llevan tiempo y van a llevar, pero tenerlos en la mesa, discutirlos con todos los actores y también pensar un plan para el corto plazo.
Esto es un puente para que la actividad, que es capital intensiva, mano de obra intensiva, no pierda más superficie, exportaciones, puestos de trabajo… Y que volvamos a aprovechar este lugar que es increíble para producir. Viene la gente de todo el mundo, mira nuestro valle, mira el agua, mira las condiciones que tenemos y no puede creer cómo no estamos produciendo dos o tres veces más, y ese potencial está.
