Diego Rambeaud, ingeniero agrónomo y expresidente de la Sociedad Rural de Neuquén, compartió en una entrevista con Impacto Económico, las oportunidades que surgen a raíz del reciente aumento en las precipitaciones y las potenciales políticas gubernamentales que podrían impulsar la actividad ganadera hacia una fase exportadora.
¿Cuáles son las oportunidades del sector ganadero de la Provincia?
Hoy tenemos un cambio en el régimen de precipitaciones, en los últimos 12- 13 años hemos tenido sequía prolongada, por debajo de la media en precipitaciones históricas de la zona. La provincia en la zona cordillerana mostró en el último año, un aumento de las precipitaciones que le cambió la cara al campo en el sentido del recurso forrajero, ese es nuestro primer insumo. Partiendo de eso, el ganadero piensa qué va a hacer, cómo y hacia dónde si tiene asegurado esos recursos. El año pasado acá en la zona de Junín de los Andes llovieron cerca de 700 milímetros, por encima de la media histórica.
El proceso de 10-12 años de sequía hizo que el ganadero baje la carga animal. Empieza a llover, agarra el campo descansado y el campo responde. Entonces, este es el primer escenario, hace que la ganadería hoy tenga un poco de aire fresco, y digamos: “vamos para adelante, volvemos a retener animales, volvemos a pensar en intensificar un poco más los ciclos”. El clima está acompañando.
¿Son optimistas ante el nuevo gobierno a nivel nacional?
Sí, creemos que este cambio a nivel nacional va a traer también una mirada positiva de lo que es la actividad ganadera, el sector agropecuario a lo largo y ancho del país. Para Argentina es muy bueno, para que se vuelva a tomar noción de la importancia que tiene el campo a nivel nacional. Somos un país agroexportador, se debe incentivar la actividad privada, darle certezas a largo plazo.
La ganadería tiene ciclos larguísimos, de cuatro años. Es la duración de un ciclo de un gobierno nacional o provincial, y en ese tiempo pasa de todo. Lo que hoy se está consumiendo, es decir, el animal que se está faenando para consumir hoy, el inversor, el productor, lo proyectó hace cuatro años atrás ¿Con qué contexto de país? ¿Con qué contexto económico? ¿Con qué políticas hacia el sector?
Hoy por lo que se ve, puede haber aires de buenos cambios para el sector, y desde la institución lo que se pide como siempre, es un plan de base hacia el sector agropecuario y ganadería bovina en particular, donde estos ciclos son muy largos. Necesitamos que esa política de base sea constante, no sea fluctuante, porque nosotros no podemos pensar en un animal de exportación si sabemos o hay posibilidad de que dentro de dos o tres años, la exportación se cierre, se abra… El productor tiene que ir adaptándose, no a producir distinto sino a qué hacer con su producto en función de la política y no al revés.
¿Cuáles son las amenazas en este contexto?
Volviendo a la pregunta del principio, es saber que el clima no lo podemos predecir. Como productores tenemos que estar abiertos a tener todas las herramientas de manejo y de utilización de los recursos ambientales de la mejor manera. La amenaza para nosotros, es qué pasa con el régimen de lluvia, el clima, cómo se puede afectar.
Pasando nuevamente a las política, no deja de ser siempre una incertidumbre qué política vamos a tener. Uno necesita previsibilidad en lo que va a hacer y en el escenario en que se va a mover.
¿Y en cuanto al contexto económico?
La inflación, la brecha cambiaria, es algo que le ha pegado durísimo al sector. Hasta hace poco se trabajaba con un dólar oficial que estaba totalmente atrasado en su valor y era ficticio. Pero los costos corrían al valor del dólar libre y eso hace que la rentabilidad sea bajísima. El productor era consciente de que estaba trabajando en ese contexto de pérdida.
¿Qué cambios consideras necesarios para incentivar la actividad?
El país está replanteándose qué modelo de país quiere y qué respeto de las garantías constitucionales queremos. Lo que se está poniendo en juego y se está planteando es el respeto a la Constitución. Un respeto hacia el derecho de propiedad como tal, que es fundamental para la vida de cualquier ciudadano. El saber que lo que tiene es de él y nadie se lo va a poder sacar. Sea su casa, su auto, su empresa, su campo, su terreno, su bicicleta. El derecho de propiedad es el pilar para que se pueda pensar en invertir y avanzar sobre algo.
El derecho de propiedad era bastante ambiguo, y se ponía en duda con mucha liviandad. Eso hace que cualquier inversor diga: “acá paro y espero hasta que las reglas cambien”. Eso es algo bueno del gobierno nacional entrante, que ha planteado y dijo que lo va a hacer respetar. Si ese derecho de propiedad se respeta, el país va a tener una mirada distinta.
Expectativa positiva con respecto al nuevo gobierno…
Exacto.
¿Qué se necesita para dar el salto exportador de la producción ganadera en Neuquén?
El mundo es demandante de proteína. Nosotros contamos con recursos totalmente favorables para hacer animales de sistemas productivos muy abiertos, de bajos insumos, de Patagonia, con todo lo que eso implica a nivel mundial. Tenemos un estatus sanitario diferencial, que nos posibilita otros mercados, que están todavía por explorar. Tenemos esa gran deuda en poder salir hacia otros mercados.
Hay quienes plantean que la exportación afecta al consumo interno…
Hay que dejar bien en claro que exportar no implica que el consumo interno se vea afectado, porque lo que se exporta no es lo que se consume acá. En la Patagonia sobre todo, lo que se exporta es la vaca grande de refugo. La que ya no va a estar en el ciclo productivo, se exporta a países que demandan proteína. Acá, la carne de la vaca no se consume, entonces se vende y se procesa a muy bajo valor. Para el ganadero poder sacar ese animal a un valor diferencial y con buen flujo, le cambia la ecuación.
¿En nuestro país que se consume?
Nosotros estamos consumiendo el novillito especial, el argentino está acostumbrado a comer buena carne. Ese novillito especial, se consume y se paga acá, y lo que se exporta es otra cosa. Si queremos pensar en un animal más pesado, que lógicamente lleva más tiempo producirlo, necesitamos que las políticas nos permitan pensar en cuatro o cinco años. De esta manera podemos hacer un novillo de 500-600 kilos como se hace para otros países. Acá uno de 500 kilos no lo come nadie porque tenemos el concepto falso, de que un corte, un peceto o nalga chica, va a ser tierna. Entonces se faenan animales chicos con un potencial productivo enorme, animales con 320 kilos cuando se podrían faenar con 500 picos de kilos, y la calidad de la carne va a ser igual o superior.
Si nosotros sabemos que podemos exportar estos animales, necesitamos un tiempo bastante largo para pensarlo, hacerlo y poder venderlo después, con esas mismas reglas de juego que cuando uno lo pensó.
¿Qué falta en materia de infraestructura en la provincia?
Hemos tenido olas de desarrollo de infraestructura. Se hizo una red de mataderos provincial grande y muy buena, que implica tener la cantidad de hacienda para abastecerlo y eso no siempre está garantizado.
Segundo, esos mataderos ya sean municipales, provinciales o privados, todos tienen que jugar con las mismas reglas ante AFIP y Senasa, como se le exige al privado.
Las plantas de faena municipales no tienen que flexibilizar sus requerimientos para que la faena sea limpia y de esta manera no se realice de manera clandestina. Tienen que poder faenar, y competir de igual a igual con la planta de faena privada, sino matan a la actividad privada.
Hay una buena red de mataderos y también posibilidad de potenciarla con muy poco, para ponerla a la altura de tránsito federal. O sea, dentro del país y de mercados exportadores.
¿Qué proporción de mataderos es privada, municipal o provincial?
Me atrevo a decir que el 80% hoy es municipal-provincial, es un porcentaje alto. Ahí es donde hay que mejorar y competir de igual a igual con el privado, sino es una competencia desleal. Y a la calle salen con el mismo producto pero con requisitos totalmente distintos.
Lo desleal es flexibilizar para abajo. Primero deberían exigir la documentación correspondiente para ingresar, la factura de compra y venta. El matarife, que está autorizado a faenar ahí. Todos esos requisitos tienen que ser iguales a los exigidos al usuario de una planta privada o al privado que tiene su planta.
Según indicó Diego, en nuestro país se faenan animales de 280 kilos, es decir, un ternero que tiene aproximadamente 11 meses. En vez de matarlo y cortar su ciclo con un peso que ronda los 280-320 kilos, se puede seguir produciendo pero implica más tiempo. El mismo animal puede llegar a pesar entre 450-500 kilos por cabeza, lo que representa casi el doble. Explicó que se matan antes de tiempo por usos y costumbres.
El perfil
Diego Rambeaud
Es Ingeniero Agrónomo egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias (Unco). Tiene 39 años, y desde los 10 años empezó a ayudar en el campo familiar. Tiene dos hijas Sofía (7) y Alina (9). Vive con su pareja Anahí Fernández y su hija Josefina (13).
