Apostar al valor agregado: el desafío de emprender en el país (a pesar de los gobiernos)

Apostar al valor agregado: el desafío de emprender en el país (a pesar de los gobiernos)

Cristian Figueroa fundó Easy Veggie en plena pandemia y convirtió una necesidad cotidiana en una empresa de triple impacto. Con apenas cinco años de trayectoria, su planta en Neuquén produce vegetales frescos listos para consumir, con maquinaria importada, diseño sanitario propio y una visión clara: ahorrar tiempo sin resignar calidad. En diálogo con Impacto Económico, el emprendedor reflexiona sobre los desafíos de la industria alimentaria, el peso de la burocracia y lo que hace falta para que más argentinos se animen a emprender.

¿A qué se dedica Easy Veggie?

Easy Veggie es una empresa de vegetales frescos listos para consumir. Están seleccionados, lavados, pelados, cortados, desinfectados, envasados, y así llegan a nuestros consumidores. Somos la tercera empresa en Argentina y la primera en la Patagonia en ofrecer este tipo de producto.

¿Cómo fueron los comienzos?

Iniciamos en septiembre de 2020, en plena pandemia. Pero la idea viene de antes. En 2018 inicié un estudio de mercado: recorrí supermercados mayoristas de Neuquén y no encontré vegetales frescos para condimentar. Solo congelados, que no era lo que buscaba. Quería algo fresco y práctico al mismo tiempo. Algo que ahorre tiempo a la hora de cocinar…

¿Y qué productos motivaron esa búsqueda?

Por un lado, la papa en finas láminas. Me gusta cocinar y siempre tenía que pelarla y  cortarla. El otro fue la salsa criolla. Tardaba mucho haciendo en cortarla también. Además, sentía que había mucho desperdicio: compraba un morrón de cada color y usaba la mitad. El resto se tiraba. Quería algo ya listo: morrón rojo, verde, amarillo, tomate, cebolla blanca o morada.

¿Cómo se pasa de una necesidad personal a montar una empresa industrial?

En 2019 viajé a dos ferias internacionales de tecnología en alimentos. Ahí empecé a invertir en máquinas. Iba a ser una empresa soñada, chiquita… pero terminó siendo una empresa con 15 empleados. Siempre buscamos agregar valor y también servicios. Ahora estamos iniciando con vegetales de quinta gama, que son vegetales precocidos. Nos está llegando la primera máquina para hacer pruebas.

¿Cómo se planificó la planta?

Tenía un lote y con la ayuda de Marianela Bonin, una ingeniera en alimentos que me recomendaron desde bromatología del municipio de Neuquén, desarrollamos todo el diseño. Hicimos el layout de ingreso y egreso de mercadería, los procesos, la documentación. Fue una empresa que se pensó desde la base para procesar vegetales. Después llegaron los equipos, algunos italianos, otros de fabricación nacional.

¿Qué obstáculos encontraron en el camino?

La burocracia. A nivel provincial hubo trabas con bromatología. Los tiempos que manejan no son los tiempos que necesita una empresa. Para habilitar un producto a nivel nacional —un RNPA, Registro Nacional de Producto Alimentario— puede tardar de seis meses a un año. Si hoy querés sacar un producto para Navidad, no llegás a diciembre. Lo que debería ser un trámite dinámico, termina siendo una traba.

¿Qué otras dificultades enfrentan los emprendedores en Argentina?

Uno de los mayores problemas es lo que tiene que ver con los sindicatos y la contratación de personal. Me pasó recientemente con una persona que faltó más de una semana sin certificado médico, sin atender el teléfono. Tenés que mandar una carta documento intimándolo, esperar 48 horas, y después otra carta para notificar el despido. Tenés que generar una cuenta en el Banco Nación para hacer un depósito judicial. Todo eso es trabar el crecimiento. Nadie quiere derogar derechos, pero hay que facilitar las cosas. Hoy tomar un empleado es un riesgo.

¿Qué impacto tiene eso en las decisiones de crecer o emprender?

Te limita. Hay gente que, ante todo lo que escucha, y lo que significa montar una empresa, directamente no lo hace. Terminan eligiendo poner un plazo fijo o hacer una inversión más tranquila. Ganás menos, pero te sacás todos los problemas de encima. Muchos jóvenes o personas de mayor edad elegirían emprender si hubiera menos obstáculos. Porque emprender es hermoso. Es un desafío. Pero si tenés trabas por todos lados, muchos eligen quedarse en su zona de confort.