La inflación ya terminó su cuarentena

La inflación ya terminó su cuarentena

Por JUAN MANUEL MORALES

Magíster en Economía.
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Con los últimos datos oficiales sabemos que el IPC estimado por el INDEC aumentó el año pasado 36%, nada mal si tenemos en cuenta el 54% de variación que tuvo durante el 2019. Sin embargo, es importante entender que la desaceleración inflacionaria del 2020, lejos de ser mérito del gobierno, fue provocada por la cuarentena y la dinámica que debemos esperar hacia el futuro es la que han tomado los precios durante el último trimestre del año pasado.

No es difícil comprender qué sucedió: que ante una situación de confinamiento, la gente que no pudo salir de su casa se vio imposibilitada de gastar su dinero más que en comida y bienes y servicios básicos. Esto es lo que sucedió de abril a julio: un aumento forzoso de la demanda de dinero que imposibilitó a la gente quitarse los pesos de encima. Por este motivo es que la inflación se desaceleró justo mientras la impresora del Banco Central emitía dinero a fondo. A medida que la cuarentena se fue flexibilizando y la gente fue retomando sus hábitos normales, la dinámica inflacionaria comenzó a desenvolverse de acuerdo al descalabro monetario de los últimos meses, es decir se aceleró. De esta manera, la inflación mensual pasó del 1,5% de abril y mayo a superar cómodamente el 3% en octubre y alcanzar el 4% en diciembre. Si anualizamos la inflación promedio mensual del último trimestre del 2020 asciende al 55%, en orden con lo que pronostican las consultoras para el 2021 en un escenario muy optimista.
Durante el año 2020, entre adelantos transitorios y giros de utilidades (dos artilugios contables para crear dinero de la nada) el Banco Central emitió para financiar el déficit fiscal del gobierno un poco más de dos billones de pesos. Esta claro que crear dinero de la nada no genera riqueza, por el contrario siempre implica grandes costos para la economía.
En este sentido, los grandes volúmenes del nuevo dinero impreso que el BCRA le transfiere al Tesoro generalmente tienen dos destinos:
1) El bolsillo de los argentinos: cuando el gobierno gasta, ese nuevo dinero va a “la calle”, o sea a las manos de la gente y empresas, presionando al alza los precios de bienes y servicios, es decir generando inflación. Al respecto, podemos afirmar que a lo largo del año pasado la base monetaria creció en promedio 55% incrementándose en $700.000 millones de diciembre 2019 a diciembre 2020.
Vale aclarar que, una mayor cantidad de dinero circulante entre los agentes económicos no los convierte a estos en más ricos ni prósperos. Lo importante no es la cantidad de billetes y monedas que circule en una sociedad sino el valor de cada unidad monetaria para ser intercambiada por bienes y servicios.

2) Engrosar los pasivos remunerados del Banco Central: como el dinero que se emite para financiar al Tesoro es de una magnitud exorbitante y sería híper-inflacionario que todo ese volumen monetario permanezca en las manos de los agentes económicos, el Banco Central se encarga de aspirar parte del dinero recién impreso mediante la emisión de LELIQ y pases pasivos (préstamos de los bancos comerciales al Central) de-vengando cuantiosos intereses. Es decir, el BCRA se ve envuelto en una dinámica explosiva: emite pesos y luego los absorbe pagando altos intereses. El stock de pasivos remunerados del Banco Central, que en diciembre del 2019 era aproximadamente de $1,1 billón, hoy asciende a $2,7 billones y supera a la base monetaria.

Como se puede ver en el gráfico a continuación, en diciembre del 2019 los
pasivos remunerados del Banco Central eran equivalentes al 40% de las reservas (en pesos al tipo de cambio oficial), en la actualidad esa ratio asciende al 80%, es decir se duplicaron los pasivos remunerados del BCRA en relación a sus activos contables.
¿Qué podemos esperar del futuro? No se ve nada diferente en el mediano plazo, con suerte será más de lo mismo. Primero, porque la política monetaria actúa con rezagos de 9 a 18 meses, o sea desde que un volumen de dinero se emite hasta que este afecta a los precios relativos, pueden pasar varios meses, por ende todavía no hemos visto todo el impacto del descalabro monetario del 2020. Segundo, porque el Gobierno proyecta un déficit para este año que con suerte será equivalente al 4,5% del PIB, para un país
con escaso ahorro interno y sin acceso a los mercados internacionales, semejante rojo fiscal se traduce en más emisión monetaria. Por último, como ya ha mostrado el gobierno en repetidas ocasiones, en el corto plazo se intentará frenar la subida de precios imponiendo restricciones tales como precios máximos y congelamiento de tarifas, el único resultado posible ante estas intervenciones es la escasez de los bienes que el Estado pretende garantizar.