CONSULTORIO IMPOSITIVO PYMES: víctimas de un sistema tributario pendular

CONSULTORIO IMPOSITIVO PYMES: víctimas de un sistema tributario pendular

Por JUAN CRUZ TONELLI
Estudio LTA & Asociados.
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Al realizar nuestra labor profesional como asesores tributarios, solemos sugerir la conveniencia de aplicar adecuadas planificaciones fiscales a fin de garantizar la viabilidad del proyecto a ejecutar.
Irónicamente, la realidad evidencia una creciente e incesante dificultad para llevar adelante esta tarea, pues ha dejado de prevalecer la capacidad técnica de evaluar el escenario normativo aplicable y sus alternativas, en reemplazo del arte de adivinar potenciales cambios intempestivos en las reglas del juego.
Por citar algunas de las situaciones recientes más relevantes, podemos mencionar:
• Alícuotas aplicables en el impuesto a las ganancias (IG) para personas jurídicas.
De una alícuota general histórica del 35% y dividendos al 0%, hemos pasado al 30% con dividendos al 7% que luego pasaría a un esquema del 25% con el 13% respectivamente, el cual, sin haberse siquiera materializado, ya se ha convertido en letra muerta.
Hoy se analiza la vigencia de alícuotas escalonadas del 25%, 30% y 35%, con el correspondiente análisis destinado al tratamiento de los dividendos.
• Impuesto a la Riqueza por “única vez”. ¿Será así? ¿O correrá la misma suerte de todos aquellos impuestos “de emergencia” que han llegado para quedarse?, pudiendo citar un sin número de ellos.
En pocos días, hemos transitado cambios de condiciones (pago contado al 31/03 versus cuotas y prórroga al 16/04), presentaciones de amparos argumentando confiscatoriedad y violación al derecho de propiedad (casos “Scannapieco” con cautelar otorgada y “Prado Lardizabal” denegada, entre otros).
Peor aún, normativamente la Ley indica una derivación absoluta a la Ley de Bienes Personales para realizar la valuación de todos los activos, mientras que su reglamentación vulnera esa indicación sugiriendo una valuación particular para el caso de participaciones societarias (exceso reglamentario). Poco se ha dicho al respecto, pero en determinados casos, el impacto de optar por uno u otro camino podría ser económicamente nefasto.
• Ingresos Brutos. Incremento masivo de la presión impositiva por parte de las provincias. La puja por la base recaudatoria y los crecientes mecanismos intempestivos de cobro.
Lejos está quedando el espíritu de aquel Consenso Fiscal entre Provincias y Nación en donde se habría acordado sostener una “Estabilidad Fiscal” en impuestos provinciales.
Lo cierto es que la mayoría de las provincias han evidenciado en su política tributaria la aspiración de aplicar alícuotas promedios del 5%, las cuales sólo por el momento y en ocasiones particulares se encuentran reducidas por motivos varios (actividades, estabilidad fiscal, categorías pyme, bonificaciones, ingresos, etc.)
Asimismo, se han multiplicado los regímenes de retención/percepción exigiendo así a los agentes designados actuar como tales sin otorgar margen de evaluación acerca de las características de la operación comercial realizada (sustento territorial).
Téngase en cuenta que hablar de un 5% sobre la base de cálculo del impuesto (ventas netas), en ocasiones puede representar un 50% del IG soportado, pues éste último si bien posee una alícuota ampliamente superior, se determina sobre un base de cálculo ampliamente inferior (margen neto).
• Ajuste por Inflación Impositivo. Su negación y su posterior aplicación diferida.
Durante años se han pagado impuestos por ganancias ficticias, hasta que finalmente se reconoció su existencia y se reactivó su aplicación.
Pero no todo lo que brilla es oro, pues normativamente su impacto sería reconocido de manera fraccionada en 3 periodos fiscales, para posteriormente modificarse nuevamente y fraccionarlo en 6 ejercicios fiscales. Es decir, el ajuste se encuentra vigente, pero su aplicación técnica dista mucho de impactar económicamente en el ejercicio fiscal correspondiente, aquel en donde la inflación erosiona la ganancia real.
Y así… los cambios en la aplicación de la renta financiera, monotributo, impuesto sobre los bienes personales, sueldos libres de impuestos o tasas municipales, entre otros.
El Covid-19 ha exacerbado está histórica mecánica de ajuste utilizada ante la necesidad de “caja” por parte de los organismos de recaudación, parche tras parche y gobierno tras gobierno, no logramos hacer pie ni fijar reglas claras que permitan vislumbrar escenarios tributarios sustentables en el tiempo.
Palabras como planificación fiscal, previsibilidad, oportunidad, confianza, reglas claras, han perdido valor y credibilidad.
A esta altura ya nada logrará escandalizarnos, pero quisiera reflexionar en que no debiéramos acostumbrarnos a ello.