Mejor para nosotros

Mejor para nosotros

Por Carlos Mira

Al menos en la Argentina la pandemia nunca fue un problema médico. Fue una oportunidad. La indudable preocupación que genera el coronavirus en los ciudadanos dio la chance de echar mano a medidas de especulación política contando incluso con el aval de los perjudicados, que, alegremente, daban su consentimiento a medidas que beneficiaban a la nomenklatura gobernante simplemente por el temor que genera la enfermedad.

Desde hace días que en estas columnas venimos marcando el tanteo de terreno que el kirchnerismo viene haciendo para intentar medir el impacto que tendría la propuesta de suspender las elecciones.

Han comenzado ese tanteo por las PASO. Sergio Massa lo propuso de modo oficial hace 10 días. En una reunión a la que citaron por otros motivos, Máximo Kirchner y De Pedro le sugirieron esa movida a Jorge Macri y Christian Ritondo. El tema lo comentamos en el programa de radio y Jorge Macri salió a aclarar que él no avala ningún cambio en el cronograma electoral y que la mención de su nombre en una reunión en donde el tema supuestamente se había tratado, era una mala información… bad information…

Pero más allá de las desmentidas no hay ninguna duda que el gobierno vuelve a utilizar la pandemia como una herramienta a la que pueda exprimir en su propio beneficio. Lo ha hecho invariablemente desde que comenzó; cínicamente, como hace todo.

La postura de la oposición se debate entre argumentos legalistas y de discusión interna para intentar no dejarse madrugar. La ley establece que toda modificación a las reglas electorales debe pasar por el Congreso. El oficialismo en todo lo que puede, anda por los bordes de esas limitaciones.

Ya designó, por la conformación que se aseguró en el Consejo de la Magistratura, a Alejo Ramos Padilla en el Juzgado Electoral más importante del país, el N° 1 de La Plata, que interviene en todas las impugnaciones y vicisitudes de las elecciones del distrito más grande y más problemático de la Argentina, la provincia de Buenos Aires y su conurbano, que entregan el 40% del padrón electoral del país.

Para modificar las fechas de las PASO (o sus suspensión definitiva, como propuso Massa) o las elecciones generales de octubre necesita la aprobación de 129 diputados que el oficialismo no tiene pero que podría conseguir, con la transfugada de algunos votos que no sería la primera vez que practican esa costumbre.

Esta alquimia en desarrollo encuentra a una UCR firme en el sentido de oponerse de plano a cualquier modificación o suspensión. El PRO quiere esperar a ver las propuestas (en una actitud que viene a confirmar muchas sospechas sobre la inocencia que embarga a esta relativamente novel agrupación política. ¿Acaso pueden “esperar” algo razonable del kirchnerismo? ¿No han aprendido aún con quienes tratan?) y Carrió advierte sobre la antesala de un escenario desconocido y peligroso para la democracia.

En realidad al gobierno lo único que le importa es la obtención del salvoconducto democrático que siga disimulando su intrínseca naturaleza totalitaria. Ese salvoconducto se llama “victoria en las elecciones”. Y si para obtenerlo deben amañar las reglas, pues lo harán.

La especulación viene dada porque el gobierno sospecha que ni la vacunación ni la economía estarán bien en agosto y eso puede desencadenar una avalancha de votos en contra en la gran encuesta nacional que, en la Argentina, son las primarias.

Obviamente el único responsable de que el país se encuentre en esta situación sanitaria y económica es el gobierno, que ha dedicado toda su enjundia a ocuparse de los problemas judiciales de una persona, dejando a la intemperie las necesidades de la sociedad.

Mientras el presidente califica de “imbéciles” y “miserables” a los dirigentes que se oponen a las nuevas medidas restrictivas y dice que no puede usarse la pandemia políticamente, es lo que él hace 24 hs por día.

Es más, en su discurso de ayer, no habían pasado más de treinta segundos desde que había reclamado que la enfermedad no se use con fines políticos, cuando dijo que el gobierno había aprovechado  la cuarentena del año pasado para reconstruir un sistema de salud abandonado. ¿Quién es el canalla?, ¿Quién es el miserable?

Desde su lugar de confinamiento -porque él mismo padece la enfermedad- culpa del empeoramiento al relajo de la sociedad, a los que viajan, a los que dieron vueltas por el país en Semana Santa… Está a “esto” de decir que los propagadores del virus son los que tienen plata. Para gastarnos una ironía deberíamos decir que desde algún lugar debe ser cierto, porque el enfermo es él.

Las próximas elecciones son vitales para el futuro de la única obsesión que el gobierno tuvo desde que asumió: la situación judicial de la señora Fernández. Si pierde la contienda, será un mensaje innegable de las urnas de que la sociedad pide otras prioridades. También será un mensaje para los jueces, siempre atentos a lo que dice “el pueblo”.

Por eso nada de lo que escuchemos del kirchnerismo, incluido, claro está, el presidente lacayo, debe ser entendido en otro contexto que no sea ese interés primordial que los obsesiona. Cualquier propuesta, cualquier medida, cualquier idea que surja del gobierno debe ser analizada con el cristal electoral y no con la creencia de que pueden estar intentando hacer lo mejor.

El único “mejor” que entiende el kirchnerismo es el “mejor para nosotros”.

(*) Publicado en The Post el 8 de abril de 2021